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Me encantan los JJOO, me da igual si son de verano o de invierno y, si hubiera más, me los vería todos. Por un lado, porque me gusta el deporte, pero por otro y sobre todo, porque es un evento donde confluyen muchas historias humanas a través de los/las deportistas que llevan años preparándose para ellos.

Al deporte me aficioné de pequeña. A lo humano cuando empecé la universidad y dedicí dedicarme a ello. A fin de cuentas, mi trabajo como fisioterapeuta no consiste solo en valorar lesiones de rodilla y prescribir planes de tratamiento sino, por encima de eso, en comprender a las personas que las sufren y en que esas pautas tengan un sentido para ellas.

Los de Milán-Cortina 2026 serán recordados siempre por la historia de la esquiadora Lindsey Vonn. Bien difícil iban a tener el resto, aunque batieran récords, tener la misma visibilidad mediática. Johannes Høsflot Klaebo lo intentó realizando un esprint cuesta arriba a 17 km/h en la prueba de esquí de fondo, pero ni aun así (menos mal que al menos se llevó el oro).  Sturla Holm también cuando, al preguntarle a quién dedicaba su medalla, confesó públicamente una infidelidad como último recurso para pedir perdón, pero tampoco (y encima la chica no volvió con él). Y, gracias a ella, muchas personas no aficionadas al esquí estuvieron siguiendo esta competición y, concretamente, lo que ocurrió el domingo 8 de febrero de 2026 en la final de descenso femenino.

Lo sucedido ese día fue solo la punta más visible del iceberg de una historia que comenzó para Vonn mucho tiempo atrás. Y que, si ha sido tan comentada, no fue solo por sacar a relucir temas como las lesiones de rodilla o la toma de decisiones en el deporte de élite, sino también muchos otros enmascarados en su trasfondo, como las funciones de los profesionales sanitarios, los valores individuales, la salud mental, los estigmas sociales o incluso la mismísima libertad.

Así que te la contaremos primero en detalle para analizar este caso y reflexionar sobre todo lo que podemos aprender de su historia.

LINDSEY VONN: ESQUIADORA

Vonn nació en 1984 en Minnesota, Estados Unidos. Su padre había competido a nivel nacional en esquí siendo juvenil, pero se lesionó precisamente, no, la rodilla. Por ello se retiró para convertirse en abogado, manteniéndose siempre en contacto con el esquí como profesor. Lindsey comenzó a ir en su mochila cuando tenía solo 2 años.

A los 9 conoció a la esquiadora Picabo Street en una tienda, donde le firmó un poster y pudo hablar con ella durante unos minutos. Y cuenta que en aquel momento supo que su sueño era ser esquiadora olímpica. Su padre se sentó entonces con ella para trazar un plan, y durante varios años su familia viajó repetidamente hasta Vail, en un trayecto de 18 horas en coche, para que pudiera entrenar. Hasta que, cuando tuvo 12, sus padres decidieron apostar y realizar una mudanza familiar a esta ciudad, suponiendo para ella y su familia dejar todo atrás.

Algunos entrenadores del programa juvenil consideraban que no llegaría a nada. Vonn era muy agresiva bajando, cometía errores y no siempre era la más disciplinada. Algunos pensaban que no tendría la regularidad necesaria para triunfar en la élite. Ella misma ha dicho que esos comentarios la motivaron aún más a demostrar lo contrario.

Y lo consiguió. Con 20 años logra su primera victoria en una prueba de la Copa del Mundo. A partir de ahí sumaría 4 Copas del Mundo y dos medallas olímpicas de oro y bronce en los JJOO de Vancouver 2010, convirtiéndose en una de las esquiadoras más relevantes del momento a la edad de 26 años.

Hasta que en febrero de 2013 mientras competía en Austria, llegó ese día que muchos superan pero otros no olvidan, en el que sufrió una grave lesión en su rodilla derecha: rotura de ligamento cruzado anterior (LCA) + rotura de ligamento colateral medial (LCM) + fractura de la meseta tibial.

Como esquiadora de descenso, por supuesto que no era la primera vez que Vonn se lesionaba. Ya había pasado por fracturas de dedos, de antebrazo e incluso por una conmoción cerebral. Perdería la cuenta de las múltiples contusiones. Porque cualquier esquiador sabe que las caídas son parte del trabajo debido a un gran factor de riesgo que, a su vez, es la base de este deporte: la velocidad.

Según los resultados oficiales en Milán-Cortina, la media de las esquiadoras en la final de descenso fue de 88 km/h, alcanzándose los 130. Y van con casco, pero no con el chasis de un coche de Fórmula 1 alrededor. Es solo recientemente, desde 2015, que la Federación Internacional de Esquí exige el uso de sistemas de protección con airbag debajo del mono de competición pero que, igualmente, no pueden ofrecer la misma protección que el sistema de un coche a la misma velocidad.

Así que Vonn pasó por quirófano por su rodilla. Y, como es habitual en el deporte de élite, a los 9 meses ya estaba entrenando al máximo para llegar a los JJOO de Sochi 2014. Fue entonces, en noviembre de 2013, cuando durante un entrenamiento se rompe de nuevo parcialmente el LCA. Y en diciembre de manera total. Por ello anunció que no participaría en los JJOO. Por desgracia, todo muy habitual hasta ahí en el deporte de élite.

Vonn recuerda ver los JJOO de Sochi 2014 en la televisión como algo extremadamente doloroso. Tenía 30 años y para los próximos pensaba que sería “muy mayor”.

Un año más tarde, en diciembre de 2014, reaparece tras un nuevo proceso de cirugía y rehabilitación. Y lo hace impresionantemente bien, acercándose al récord histórico de victorias en pruebas de la Copa del Mundo. Pero, a la vez, declara públicamente que el dolor en su rodilla era constante y que su cuerpo “ya no respondía igual”.

En noviembre de 2016 sufre otra caída más. “Siempre chequeo primero mis rodillas y sentí que estaban bien”, pero nota que el brazo derecho le cuelga: fractura de húmero con afectación nerviosa que produce un déficit motor en la mano. Es operada y, a finales de enero de 2017, vuelve a ganar una prueba de la Copa del Mundo. Un amateur probablemente en esos dos meses estaría aún procesando el trauma. Un esquiador lo acepta como algo normal y frecuente, pregunta solución, se pone a trabajar y ya tiene puesto su foco en recuperarse para poder regresar.

En 2017, cuando es preguntada por sus lesiones, cuenta cómo su familia le ha dicho que era hora de retirarse porque se iba a quedar tullida. Su respuesta: “Si me tengo que quedar tullida, lo haré. Y confío en que cuando me retire la medicina tendrá soluciones para curarme”.

Siempre arrastrando las secuelas de su rodilla derecha, Vonn consigue volver a los siguientes JJOO y logra el bronce en descenso en PyeongChang 2018. También numerosas victorias en pruebas de la Copa del Mundo, logrando ya el récord femenino de la historia con 82 y quedándose solo a 4 del masculino, que en ese momento pertenecía a Ingemar Stenmark.

Meses después de ganar la medalla olímpica, en noviembre de 2018, sufre una inestabilidad en hiperextensión sobre su otra rodilla. En esta ocasión no se producen roturas completas, quedando en un esguince ligamentario.

Para 2019, Vonn tiene ya dañado el cartílago de su rodilla derecha y sufre dolor severo e incapacitante. En ese momento su discurso cambia y en una entrevista para la CNN expresa en alto:

“Da mucho miedo pensar en no tener algo que amas tanto, pero también quiero un futuro«

Sabía que a todo deportista le llegaría el momento, pero no era fácil aceptarlo, y menos por este motivo. Sentía que “mentalmente podía ganar, pero la turbina estaba rota y no había mecánico que pudiera arreglarla”. Y empezó a sentir que, en comparación con el riesgo de un futuro incapacitada, ya no le merecía la pena ganar más medallas. 

Es entonces cuando, tras hacer esta valoración personal del riesgo-beneficio, anuncia a la edad de 34 años y con un palmarés de récord, su retirada deportiva tras participar en su última prueba de Copa del Mundo en Are. En su comunicado escribe:

Mi cuerpo me grita que pare y ya es hora de que yo le escuche

NUEVA VIDA TRAS RETIRADA DEPORTIVA

Vonn cuenta que ahí comenzó un doloroso pero necesario proceso por el que pasan muchos deportistas: ¿quién era ella fuera del esquí?  Y es que, visto en perspectiva, es difícil que esto no le ocurra a cualquiera de ellos. Creces forjando tu identidad en torno a un único elemento, el deporte, que ocupa tanto en tu vida que te convierte en un ser unidimensional. Y encima, como se supone que el deporte es muy bueno tanto para tu salud física como para tu socialización, y si encima eres muy bueno y ganas títulos, ¿qué problema puede haber ahí? ¿Por qué prestar atención a tu identidad fuera de él?

Puede que, gracias a que deportistas como ella y otros de su generación se abrieran a compartir sus procesos, quizá hoy estas situaciones se visibilizan más. Vonn cayó en una depresión, por lo que realizó terapia psicológica para comenzar a conocerse como persona y ya no como esquiadora y, en la cuál, le ayudó comenzar a plantearse nuevos objetivos.

Con un patrimonio estimado de 14 millones de dólares al acabar su carrera, continuó ligada al mundo del esquí como comentarista y analista deportiva en televisión y, además, empezó otros proyectos fuera de él.

Retomó sus estudios, que se interrumpieron después de la high school. Vonn no pudo ir a la universidad por su calendario de competición y sintió la necesidad de prepararse mejor para esta nueva etapa que comenzaba. Por eso se inscribió en un programa ejecutivo en la Escuela de Negocios de Harvard.

Creó la empresa Après Productions, dedicada a producir contenidos para cine y plataformas digitales, contando historias inspiradoras sobre determinación y resiliencia que, afirma, quiere hacer llegar a la gente.

Además, se enfocó en algo muy especial: su fundación dedicada a empoderar a niñas y adolescentes. Después de su experiencia creciendo enfocada en el rendimiento y los títulos, comenzó este proyecto cuyo objetivo es que las más jóvenes aprendan a distinguir qué necesitan como deportistas y qué como personas, ayudándolas así a crecer con una salud mental adecuada. Publica además su primer libro “Strong is the new beautiful” sobre consejos de estilo de vida y, más tarde, su biografía “Rise: my story

Y, paralelamente, continuó sufriendo los problemas que tenía en la rodilla derecha. Porque, como bien sabemos, estas lesiones no se van solas el día de tu retirada del deporte, sino que sus secuelas se quedan contigo para todo lo que quieras hacer fuera de él. Vonn llegó a decir que su cuerpo estaba “más viejo que su edad real”. Sufría dolor al caminar más de diez minutos, bajar escaleras, dificultad para levantarse después de estar sentada… y todo eso que conocemos.

Recibe numerosos tratamientos biológicos, pero es consciente de que su situación es básicamente cuánto tiempo va a poder retrasar una prótesis y cuántos recambios le serían necesarios a lo largo de su vida. Y busca, se informa, contrasta la información. Explica en una entrevista que las había totales o parciales, que en algunas te quitaban el LCA y en otras te lo preservaban, que algunas veces se colocaban con asistencia robótica. Paciente informado de esos que, vamos, ya te gustaría que te lo explicara así hasta el médico.

Es seis años más tarde de su retirada cuando, como resultado de esta búsqueda y en vista de la limitación tanto para la vida diaria como para mantenerse activa, Vonn se somete a una cirugía de prótesis unicompartimental de rodilla en abril de 2024. Es decir, al reemplazo de la superficie de cartílago dañada por una pieza metálica. En su caso fue realizado en el compartimento lateral mediante cirugía con asistencia robótica MAKO por el Dr. Martin Roche.

En ese momento, Vonn declaró que no se cerraba la puerta a nada, pero no anunció la cirugía como un plan de regreso competitivo. Su objetivo era recuperar una vida sin dolor, volver a sentirse fuerte físicamente y poder esquiar de forma recreativa.

Y esa mejoría la sintió de inmediato. Explica que esta recuperación es distinta a la de una cirugía de ligamentos o meniscos, donde debes esperar por una cicatrización (de nuevo paciente informada que entiende hasta de tiempos biológicos). Porque en la prótesis tienes directamente una superficie nueva, lo que se percibe como una gran diferencia de inicio.

Realiza un verano de rehabilitación intenso y, siendo Estados Unidos, podemos predecir con mucha seguridad que la Fisioterapia no se basó en osteopatía de pares craneales con neuromodulación. Y comienza a dar un paso cada vez. Vuelve a correr. Vuelve a esquiar. Se observa porque espera ese momento “when the pin is going to drop”, es decir, donde sienta ya alguna molestia en la rodilla que le diga “hasta aquí”. Pero ese momento no llega. La nota “como nueva” hasta que, sin expectativas, se presenta ante las puertas del último paso: volver a esquiar a nivel competitivo.

VOLVER

Es entonces cuando anuncia su vuelta a la competición a finales de 2024, explicando que no la plantea como una obsesión, un objetivo de récords, dinero, patrocinios ni por exposición mediática, sino por un sencillo motivo: el esquí de descenso sigue siendo su pasión. Por qué no disfrutar cerrando el círculo de otra manera, esta vez sin dolor y, encima, con la ilusión de saber que los próximos JJOO eran en las pistas de Milán-Cortina que consideraba su casa.

En medio de la ilusión, Vonn se encuentra también con algo que no esperaba: críticas. Ella misma esperaba cuestionamiento por el hecho de volver a competir con una prótesis, básicamente porque nadie lo había hecho antes. Pero no los juicios que recibió sobre ella como persona que decían que no sabía vivir sin esquiar y que necesitaba ir a un psicólogo.

En la entrevista emitida en el programa CBS Sunday Morning, da explicaciones (y a partir de aquí ya no pararía de darlas) a todos los que la juzgaron:

“La retirada deportiva fue increíble para mí porque aprendí quién era yo sin el esquí, y ahora creo que eso me da una perspectiva diferente. No necesito esquiar. Soy Lindsey, no soy una esquiadora. Soy una persona a la que le encanta esquiar, y esa es una diferencia muy grande para mí, tanto en mi mente como en mi corazón. Ya no necesito el esquí en mi vida, pero sigo amándolo”

Vonn explica además algo muy humano sobre estas críticas: que ha intentado que no le afecten, pero ha sido difícil. Porque además no vinieron de anónimos, sino de antiguos esquiadores a los que, explica, respetaba. Con su experiencia y recorrido, seguro que Vonn es una persona mentalmente fuerte, pero una persona en todo caso.

Comenta también que, aunque por supuesto le gusta competir, ella vuelve desde esta situación sin expectativas. Pero que, a la vez, sabe que habrá muchas personas que tendrán la mirada puesta en ella esperando que consiga algo bonito y que es consciente de que será un tipo diferente de presión que deberá manejar.

COMIENZA LO BUENO

El 7 de diciembre de 2024, Vonn regresa a la competición de descenso en Copper Mountain, terminando 27ª de 45 competidoras. Realiza las pruebas del circuito de manera regular y es en marzo de 2025, casi al año de la cirugía de prótesis, cuando sorprende a los medios al lograr la plata en Super-G en Copa del Mundo en Sun Valley (EEUU). Su primer podio desde el regreso.

Pero el nombre de Lindsey Vonn vuelve de veras a los medios el 12 de diciembre de 2025, cuando gana el descenso de la Copa del Mundo en St. Moritz (Suiza). Con esta victoria, se convierte en la esquiadora de mayor edad en ganar una prueba de la Copa del Mundo (41 años), seis después de su última victoria.

En este momento Vonn no solo se hace mediática dentro del mundo del esquí, donde ya era una leyenda, sino que empieza a serlo fuera de él. Los aficionados al deporte ajenos a éste empiezan a conocer su nombre. También en España donde, aunque tenemos montañas, desde Paquito Fernández Ochoa tampoco el esquí consigue retirar nuestra atención del fútbol, aunque Vonn hubiera sido premio Princesa de Asturias en 2019.

En esta victoria, Vonn realiza unas declaraciones que seguro muchos fisioterapeutas compartimos con nuestros pacientes: que aquello no había sido ponerse la prótesis y salir corriendo. Sino que esa intervención le había permitido rehabilitarse y entrenar hasta encontrarse en el mejor estado de forma de su vida. Detrás de esto no había solo talento, sino también un gran trabajo y esfuerzo.

Las redes sociales se hacen eco de su hazaña y muchos empiezan a seguirla de cerca, con curiosidad por su siguiente objetivo: los JJOO de invierno que se celebrarían dentro de un mes y medio.

Yo oí hablar de ella por primera vez unos meses antes, cuando una paciente con lesión de cartílago me decía en consulta que “se había quedado tranquila porque, viendo a Lindsey Vonn, sabía que siempre le quedaría la prótesis para volver al deporte. ¿No sabes quién es?”

Como si hay algo que me interesa por encima de las lesiones de rodilla son las personas que las sufren, empecé a leer sobre su historia. Vi que tenía un libro que no conseguí comprar (no me gustan los eBooks). Lo intenté en diferentes Barnes & Noble cuando viajé a Estados Unidos en octubre, pero tampoco. Pero justo de mi recurso favorito había mucho contenido: las entrevistas largas y tendidas, de esas en las que a uno/a le da tiempo a abrirse, y ella lo hace en cada una. Realizadas en diferentes momentos de su carrera hasta el presente fueron, además, de las que más he disfrutado escuchando cuando viajo en coche. A fin de cuentas, soy una mujer nacida en el mismo año que Vonn y me siento muy cerca de muchas cosas de las que habla.

LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE MILÁN-CORTINA 2026

Pues ya estábamos casi allí, tanto los aficionados al esquí como los nuevos después de conocer el caso Vonn, cuando el 30 de enero, participando en la última prueba en Crans‑Montana antes de los JJOO, sufre una aparatosa caída. Se sale de una curva y se va contra la red. Se levanta por su pie agarrándose la rodilla izquierda y todos tememos lo peor. Dos esquiadoras más sufren caídas, hasta que la organización decide interrumpir la prueba por el mal estado del clima y de las pistas, pero ella ya se la había llevado.

A los españoles nos venía a la cabeza el súbito recuerdo de Carolina Marín en París 2024, cuando se volvió a romper en mitad de la semifinal olímpica estando en la misma situación que Vonn: muy cerca de hacer la heroica de volver a coronarse después de un largo parón por lesión de rodilla. Y, efectivamente, el diagnóstico se confirma: Vonn sufre una rotura del LCA de su rodilla izquierda junto a posibles lesiones de menisco. Cuando, además, iba liderando la Copa del Mundo. No nos lo podíamos creer.

Después de unos días, reaparece en rueda de prensa para contarlo y nos anuncia:

“Después de varias consultas médicas, fisioterapia intensiva y muchas pruebas, hoy he conseguido esquiar por primera vez desde la lesión, así que he decidido que estoy en condiciones de competir en la prueba de descenso este domingo. No es lo que había planeado, ni cómo quería llegar aquí, pero sigo creyendo que puedo dar lo mejor de mí en estos juegos. Sé que mis posibilidades no son las mismas que antes de la lesión, pero mientras haya una oportunidad, voy a intentarlo y haré todo lo que esté en mi poder para estar en la línea de salida”

Automáticamente un razonable debate comienza en medios de comunicación y redes sociales. Desde el accidente hasta la prueba olímpica hay exactamente 9 días en los que, más allá de un LCA roto, lo que nos preocupa a médicos y fisioterapeutas es el estado agudo de esa rodilla: dolor y derrame articular que estarán produciendo reflejamente una inhibición muscular. Es por ello que no solo la estabilidad pasiva de su rodilla está deprimida, sino también la activa. Los esquiadores llegan a alcanzar velocidades de 130 km/h, un gesto en falso y las probabilidades de hacerse más daño en esa rodilla o de sufrir un gran accidente serían altas.

Se abren, como siempre, los dos bandos: los amantes del “Go Lindsey! You got it”! y los odiadores del “se la va a dar”. Después la típica aparición de un tercero que son los odiadores de los odiadores, aunque ellos piensen que no lo son. Entre unos y otros, Vonn se lleva muchos juicios como, de nuevo, que lo hace porque su vida está vacía si no esquía o, lo que personalmente me resulta muy llamativo, lo que debe valorar como persona:

Si ya se los había llevado por el hecho de volver a la competición con 41 años y una prótesis, las críticas ahora ya son infinitas. Se pone en juicio su salud mental y hasta se dejan caer estigmas sociales como su edad:

Y aunque diéramos por hecho su fortaleza mental, recalcaremos que Vonn es una persona: la razonable rabia que ni el más iluminado Buda puede dejar de sentir en una situación así la provoca poner parte de su energía en contestar, cuando hubiera sido más positivo enfocarla en sus pruebas olímpicas. El único beneficiado de esta situación, más allá de los medios, es al menos el esquí, ya que nadie se perderá la final del domingo para ver qué hace. Más presión aún.

Mientras en esa semana, comparte un video de su rehabilitación como paciente coper (aquellos que optan por volver al deporte sin operarse). Algunos de mis pacientes me dicen que ellos la primera semana no eran capaces ni de caminar sin muletas, y aquí estaba ella dando saltos y haciendo sentadillas profundas.

Pero llega ya la prueba de fuego antes del gran día: los entrenamientos oficiales. Vonn realiza dos bajadas por la pista donde se celebrará la final y consigue el tercer mejor tiempo, alcanzando una velocidad de 115 km/h. Y comparte un último mensaje antes de la final en el que, como ya es habitual desde su vuelta, sigue dando explicaciones:

“¿Pero por qué? Todo el mundo parece estar haciéndome esa pregunta. Pero creo que la respuesta es sencilla… simplemente amo el esquí de competición”

Y POR FIN LLEGÓ EL DÍA: LA FINAL OLÍMPICA DE DESCENSO

Vonn sale en el lugar número 13 (para los más supersticiosos). Y es exactamente en el segundo 13, cuando apenas acababa de comenzar y los comentaristas estaban casi acabando de contar su historia para pasar a comentar en sí la prueba, sufre una aparatosa caída y se queda tumbada en mitad de la pista.

Silencio. No solo en las casas, sino el que se aprecia en las mismas gradas en directo, donde una multitud se mantiene de pie sin atreverse a decir palabra. Se callan hasta los comentaristas. Un silencio que recordaré siempre porque no viví uno igual en ningún evento deportivo que haya presenciado. Seguro que causado por la preocupación pero, también en este caso, por la verdadera incredulidad de que aquello acabara de ocurrir. Todos, siempre y en el fondo, deseamos un final feliz para la película.

El silencio se rompe por los gritos de Vonn tendida en el suelo. La caída ha sido muy fuerte y ha recibido muchos golpes. La asistencia en pista acude y el resto de esquiadoras que vienen detrás intentan mantenerse concentradas. Vonn es evacuada en helicóptero.

PERO EN MEDIOS Y REDES SOCIALES…

No, ahí el efecto es completamente el contrario. El grupo de los amantes defiende que podría haberlo conseguido, el de los odiadores que estaba claro. Los odiadores de los odiadores dicen que es muy fácil decirlo cuando ya ha ocurrido. Algunos intentan aprovechar el momento para viralizar contenido, otros de veras intentan verter opiniones profesionales desde la honestidad. Yo me quedo con el estómago para dentro.

Rebobino varias veces el video en diferido en RTVPlay para ver si había pasado algo relacionable con la rodilla izquierda porque, entre la rapidez de la acción y la nube de polvo de nieve que la había envuelto, no se había visto nada. Y veo que la caída no había sido por algo vinculado directamente con su rodilla, sino porque el brazo derecho se le había enganchado con una puerta. Al rato, con la prueba continuando en directo en la pantalla, veo también cómo la andorrana Cande Moreno sufre un mecanismo al recibir un salto y se lesiona la rodilla. Decido apagar el ordenador e irme a correr. Quién necesita aficionarse al thriller.

Pero, como muchos, no retiro mi atención ni en ese día ni en los posteriores. Y no por una lesión de rodilla, eso empieza a pasar a un segundo plano, sino porque comienzan a surgir ya muchos más debates alrededor de una persona. Me detengo a leer y ver muchos tipos de análisis y comentarios.

Respecto al accidente, algunos explican que existe un colapso en valgo de la rodilla izquierda al intentar girar antes de llegar a la puerta, e incluso indican que se ve un cajón anterior. Otros que no, pero que indudablemente es la falta de estabilidad sobre la rodilla lo que le provoca hacer mal ese giro y engancharse. Otros, que lo ocurrido no guarda ninguna relación con su rodilla, ya que simplemente traza una línea muy agresiva y se junta demasiado.

Respecto a su decisión, una vez pasada la prueba y habiendo ocurrido lo ocurrido, la tachan de insensata, de exceso de ambición, de una mala gestión de la vida personal después de una retirada deportiva. Algunos médicos la ponen de ejemplo para que los pacientes vean lo peligroso de este tipo de atrevimientos. Muchos, profesionales y no, señalan la irresponsabilidad cometida por sus equipos médicos por permitírselo. Otros la aplauden como heroína y la califican de valiente por haberlo intentado, considerándola un ejemplo de superación.

El lunes conocemos el diagnóstico: Vonn ha sufrido una fractura compleja en la tibia izquierda, considerada como grave por existir afectación articular en la rodilla y por el grado de sangrado que se ha producido. Los huesos tienen vasos sanguíneos que también se rompen, y por ellos la sangre se extravasa formando un hematoma que presiona los tejidos de alrededor pudiendo infartarlos y suponiendo, por tanto, incluso riesgo de amputación. Por ello, requiere una cirugía urgente y varias más durante esa semana.

En los días siguientes, Vonn comparte una foto con el fijador externo que le ha sido colocado, en la que reitera un firme mensaje: que no se arrepiente. Que conocía los riesgos y decidió asumirlos. Que nunca olvidará la sensación en la puerta de salida. Que no es el final de un libro o de un cuento de hadas: que es simplemente la vida. Y también, que su lesión previa de LCA no tuvo nada que ver en lo ocurrido.

El 20 de febrero, ya de vuelta en Vail después de ser estabilizada, Vonn es operada por el Dr. Tom Hackett para reducir la fractura, compartiendo por fin la imagen del “delito” que, sobre todo los profesionales sanitarios, teníamos curiosidad por ver. Fractura Schatzker tipo VI que requiere de una amplia reducción con material de osteosíntesis para apuntalar la meseta tibial y la diáfisis:

A los días, ya de alta trasladada a un hotel y después de dos semanas tendida en cama en hospital, comparte que, para más inri, sufre una fractura del tobillo del lado contrario, por lo que comienza su proceso de rehabilitación en silla de ruedas. Vonn se muestra, además, tal y como se siente, visiblemente afectada, e indica que están siendo unos días mentalmente duros.

Algunos siguen debatiendo, en el mejor de los casos: ¿tuvo o no relación con la lesión previa de LCA? Pero las críticas a Vonn son interminables y hasta descontroladas. Se la tacha directamente de loca egocéntrica. Muchos parodian si irá a los Paralímpicos e, incluso, en X un anónimo usa su tiempo en crear un vídeo con IA a partir de una foto de Vonn en el que sale realizando un descenso en una silla de ruedas. También son muchos los que la ensalzan, usando como más frecuentes las palabras héroe, valiente e inspiración.

Y, habiendo escuchado todo tipo de puntos de vista, daré otro más después de todo lo que este caso me ha hecho reflexionar.

  1. RESPECTO AL ACCIDENTE: ¿TUVO ALGO QUE VER LA LESIÓN DE LA RODILLA IZQUIERDA?

Analicémoslo para poder razonarlo. Ocurre en la puerta número 4. El trazado inmediatamente anterior incluía un giro con banco inverso (contrario a la caída natural de la pista), que las esquiadoras debían realizar ajustando rápidamente su trayectoria para encarar el salto que se iba a producir. Al pasar por la puerta se cae y una nube de nieve la envuelve sin que se vea qué ha pasado.

Rebobinando la retransmisión, lo que quería ver concretamente es si, al recibir el salto, la rodilla izquierda había colapsado. Esto fue exactamente lo que le ocurrió a esa otra participante que se lesionó la rodilla en la misma prueba, Cande Moreno, y para la que más tarde se confirmó una rotura de LCA. De haberle ocurrido lo mismo a Vonn, podría haberse atribuido una relación directa con la lesión previa. Pero no, no es eso lo que ocurre, sino que su brazo pasa muy cerca de la puerta y se engancha con ella estando en el aire, lo que le hace volar como un helicóptero hasta caerse.

Se parecen en… NADA

Entonces, y con la imagen que quedará para la historia de Vonn con la puerta, el debate se redirige al hecho de que, si que pasara tan cerca y se enganchara, tuvo que ver de nuevo con la rodilla. Y muchos profesionales opinan que sí, que fue porque al realizar el giro su rodilla no soporta las cargas en valgo y eso le impide hacerlo correctamente para esquivar la puerta. Y muestran el clásico análisis de vectores en valgo, comentando incluso que “la tibia se desplaza a anterior y no aguanta al no haber LCA”.

Creo que con la simple visualización de las imágenes no se puede obtener esa información. Ese mismo análisis de vectores en valgo seguro hubiera podido hacerse en las bajadas que realizó en los entrenamientos, porque es un movimiento natural y en esas imágenes no se ve un grado patológico que muestre claramente un colapso. Por no decir que lo de ver cajones anteriores, como el niño de El sexto sentido, es tener un artrómetro en los ojos que mida los milímetros de desplazamiento de la tibia como si fueras un TK-1000 humano. Llevando incluso una órtesis por encima, que no parece impedimento todavía para algunos para ver ese desplazamiento.

A veces veo valgos

Cuantificar la comodidad con la que hizo ese giro respecto al estado de su rodilla izquierda es algo solo medible por su propia sensación subjetiva, y las declaraciones de Vonn fueron rotundas: la caída no tuvo relación con el estado de su rodilla. Quien no quiera creerla es libre de hacerlo. Pero quien sí, puede apoyarse en un firme argumento: este deporte va de trazar las líneas más agresivas, es decir, las más rectas entre puerta y puerta. Y, de hecho, este tipo de accidentes con las puertas son comunes, también en esquiadores con el LCA intacto.

Todo el mundo ha aplaudido a Federica Brignone, doble medalla de oro en estos JJOO solo 9 meses después de sufrir una fractura de tibia y peroné + rotura de LCA. Curiosamente, esta lesión se la hizo en un accidente muy parecido al de Vonn, trazando una línea donde se enganchó con la puerta. Brignone no venía de sufrir una rotura de LCA y aun así pasó. Porque nunca hay un único motivo para este tipo de accidentes.

Y aquí a nadie se le fue la mano con los vectores

Y es que los golpes contra las puertas ocurren a menudo y, a esa velocidad, pican. Los/las esquiadores/as suelen tener los brazos llenos de hematomas por esos golpes. Y si son tan frecuentes es porque, como ya hemos explicado, si reducimos el esquí a lo más básico, se trata de un deporte en el que gana el que baje trazando la línea más recta sin matarse. Y eso implica, sí, pasar lo más cerca posible de las puertas.

¿Así que cómo podemos asegurar, solo viendo lo que se vio, que en el caso de Vonn fue por cómo sintió su rodilla? No negaré a los que así opinen que esa rodilla no estaría en su estado más óptimo tan solo 9 días después de una rotura de LCA, pero tampoco les reconoceré que seguro fue el motivo como si hubiera sido el mecanismo de Cande Moreno.

Personalmente creo que respecto a la rodilla, tal y como fueron los acontecimientos, siempre nos quedaremos con la duda de saber si hubiera tolerado las demandas de la final de una competición.

2. RESPECTO A OTROS MUCHOS DEBATES QUE ESTE CASO HA ABIERTO EN EL MUNDO DEL DEPORTE

Y fuera de él. Porque aquí la lesión de rodilla dejó de ser lo principal.

LA FEDERACIÓN DEBERÍA HABER CONVOCADO A OTRA ESQUIADORA

Estados Unidos podía incluir a cuatro esquiadoras por prueba y esto se decide mediante criterios objetivos, que son los resultados logrados por cada una. Número de victorias en Copa del mundo, regularidad en una disciplina concreta, etc. Si una esquiadora cumple ciertos resultados mínimos, obtiene plaza casi directa. Es solo en el caso de que hubiera más de cuatro candidatas con nivel similar cuando interviene el comité técnico valorando cosas como el estado físico, la adaptación a la pista, la estrategia de medallas y etc.

Vonn no había conseguido su plaza para los JJOO de Milán-Cortina por su cara guapa. Tampoco por el hecho de haber regresado después de haber sido una leyenda ni por el de ahora tener una prótesis. Si no, efectivamente, por sus resultados.

Cuando ocurrió la caída donde se rompió el LCA iba liderando la Copa del Mundo en la prueba de descenso y, además, de una manera aplastante. Tanto que, aun perdiéndose después las tres pruebas que quedaban, seguía teniendo opciones de ganarla. Había sido podio en 7 de las 8 en las que había participado, y en la que no fue 4º. Pese a todos los que decían que ya no iba a ser tan rápida y que era demasiado mayor, no solo estaba siendo la mejor sino que encima se estaba saliendo. Por eso obtuvo su plaza por mérito propio.

Llegar a los JJOO fue ya todo un éxito, fruto de un trabajo muy exigente que tuvo que hacer para ponerse a ese nivel, que para nada se le reconoció como hubiera merecido en mitad de tanto juicio.

Es cuando se rompe el LCA que, aparte de todo lo que había ya recibido, se la tacha además de egoísta por no ceder su plaza a cualquier otra esquiadora estadounidense que hubiera podido competir en mejores condiciones y, por tanto, aspirar a contribuir al medallero. Esta crítica la comparte con la que recibe también la Federación Estadounidense de Esquí, a la que se le juzga de estar manteniendo a Vonn por su nombre o palmarés.

Respecto a Vonn, si hubiera estado ocupando algo que se le hubiera entregado por generosidad, se la hubiera podido tachar de no tener la misma. Pero estamos hablando de que estaba ocupando algo que ella, y no otra esquiadora, había ganado por mérito propio. Si ella hubiera decidido no participar, otra hubiera tenido el gran golpe de suerte de verse en unos JJOO sin haber conseguido la clasificación. Pero si ella hubiera decidido participar, como fue el caso, nadie puede juzgarla por tomar decisiones teniéndose en cuenta a ella misma y no a un medallero. Y eso no es egoísmo, sino respeto por uno mismo.

Respecto a la Federación Estadounidense, este caso nos recuerda al de Danusia Francis en los JJOO de Tokio 2021. Esta gimnasta jamaicana conseguía por primera vez su clasificación para unos JJOO a la edad de 27 años después de muchos intentos. Y, tan solo unos días antes del comienzo, se rompía el LCA en un entrenamiento. La misma situación que Vonn.

La gimnasia es un deporte que implica grandes desaceleraciones, especialmente en las salidas de los ejercicios donde el momento de clavar el salto es muy influyente en la puntuación. Por el tipo de deporte lo tenía hasta peor que Vonn y su deseo, al igual, era participar. ¿Qué hizo en este caso la Federación Jamaicana de Gimnasia? Apoyarla.

Francis participó únicamente en la prueba de barras asimétricas, rechazando las otras de suelo, salto y viga de equilibrio que tenía previstas. Y en esta que participó, al ejecutar la salida no hizo un doble mortal con pirueta, sino que simplemente abrió las manos y se dejó caer. Cero points. Y así Francis, seguro que no de la manera esperada, puedo cumplir su sueño olímpico.

Y esta fue la manera en la que una federación priorizó al deportista sobre el medallero y a la persona sobre el resultado. Quizá algunas no puedan permitírselo porque dependen de las medallas para obtener subvenciones o inversión. Pero la que sí, me parece de aplaudir que en una sociedad de meritocracia se apoye por una vez a la persona.

Así que todo lo contrario. Gracias Lindsey por un ejemplo de respeto hacia uno mismo y gracias a la Federación Estadounidense de Esquí por dar ejemplo para que en esta sociedad las personas sean lo primero.

LAS FUNCIONES DE LOS SERVICIOS MÉDICOS

Muchos profesionales y no profesionales sanitarios hablaban entonces de la irresponsabilidad cometida por los servicios médicos al darle el visto bueno a Vonn para competir ocurrida la lesión de LCA. Y esto da pie a que los sanitarios hagamos reflexión acerca de nuestras funciones y a compartirla con la población general.

En categorías inferiores de fútbol base en España, cuando un/a jugador/a se recupera de una lesión, necesita la firma de un médico para volver a jugar. Tiene sentido, porque un menor de edad puede con probabilidad no estar en condiciones de poder tomar una decisión acerca de su salud. Podrían hacerlo sus padres, dando por hecho que todos miran por lo mejor para sus hijos/as, pero esto es la realidad y a veces no es así (especialmente los que están deseando que su hijo/a llegue a profesional). Es entonces cuando una figura externa y cualificada vela por esta seguridad. Pero saliendo de este supuesto, en el resto de los casos hablamos de adultos.

Cada vez se habla más en ciencia, de esa por la que tanto nos gusta movernos, del Shared Decision Making, es decir: la toma compartida de decisiones. Por ejemplo, en la decisión entre operar o no operar el LCA, este es un tema donde se está desarrollando mucha investigación. En este modelo los distintos profesionales sanitarios evalúan y emiten un juicio clínico que se comparte con el paciente, para poder tomar junto a él/ella la mejor decisión. Este modelo no solo hace participe al paciente, que recordemos es el protagonista de la historia, sino que además humaniza la práctica clínica sacándonos a los sanitarios de la figura de Dios padre. Donde no nos colocamos por encima de los pacientes y somos nosotros los que les juzgamos.

Esto, en un país como España, puede que nos suene a ciencia ficción. Aunque pasando por horas bajas, los ciudadanos de este país disfrutamos de un sistema público de salud en el que no estamos ni acostumbrados ni educados a pensar por nosotros mismos. Es el/la médico el/la que, más allá de en situaciones críticas o vitales, no te explica cuáles serían las mejores opciones para ti, sino el/la que decide cuál aplicar. Y no tanto por una cuestión egóica del gremio médico sino por todo lo contrario: una falta de responsabilidad del paciente. Tenemos tanta suerte de tener este sistema de salud, que en algún momento de la historia pasamos de entender que teníamos una excepcional herramienta para usarla en nuestra responsabilidad con nuestra salud, a pensar que la responsabilidad de nuestra salud era de la herramienta.

Todos los días pasan por nosotros pacientes a los que, al preguntarles nada más y nada menos en qué va a consistir la operación a la que se van a someter próximamente, no tienen mucha idea. Lo han delegado todo en el/la médico.

Cuando el año pasado realicé una rotación clínica en Estados Unidos, concretamente en RUSH Chicago, una de las cosas que más me sorprendieron no fueron las prótesis de defectos condrales focales o ver la implantación de un MACI, sino la actitud de los pacientes en las consultas de 5 minutos con el Dr. Jorge Chahla. Un señor mayor con una rotura masiva del manguito al que se le remitió a otro médico para valorar una prótesis invertida, le preguntaba si había algo de literatura al respecto que le pudiera facilitar para informarse antes de la siguiente cita. Mis ojos estaban como platos. Por cierto, aun cubiertos por un seguro, esa consulta con el médico cuesta alrededor de 300 dólares. Aunque solo sea por eso, el índice de responsabilidad individual en los estadounidenses, esos a los que tanto se critica, puede que nos dé mil vueltas.

Equipamiento por defecto en cada consulta médica en RUSH ORTHO Chicago

La semana pasada Carmen, limpiadora con rotura masiva del manguito, daba ejemplo en España y le preguntaba a su médico en qué consistía esa cirugía en la que le iban a quitar un tendón del brazo para ponérselo en el hombro. Porque, explicado así, le daba miedo quedarse después con un problema en esa otra zona. Carmen se quedó disgustada cuando la respuesta de la médico fue “ya sé yo hacer mi trabajo” y decidió no seguir preguntando. Cuando aquí un paciente da ejemplo de lo contrario, a veces son los médicos los que no están acostumbrados y se permiten sentirse cuestionados. Y, en vez de coger una de esas hojas preparadas para dibujar, se permiten este tipo de respuestas soberbias faltando a sus funciones más básicas, como la de explicar en qué consiste una trasposición del dorsal ancho a la persona en la que se va a realizar.

En el caso de la competición de élite, aun siendo los deportistas adultos, los médicos vuelven a tener un rol legal como en el caso de los niños. Y no porque por el suyo de deportistas se les considere inmaduros, sino porque en este ámbito pueden llegar a existir tantos intereses o presiones que este funcionamiento se hace de nuevo necesario para protegerles. Y especialmente en una dirección, la que viene de arriba hacia ellos. Si se da al revés, que un deportista quiera asumir un riesgo, a veces son los médicos los que tienen que protegerles de sí mismos. El tema es donde se establecen las líneas.

Los “no aptos” se ejecutan de manera rotunda, por ejemplo, en lesiones neurológicas (conmoción cerebral, pérdida de conciencia momentánea), riesgo cardiovascular (hallazgos que sugieran riesgo de evento súbito) o lesiones hemorrágicas o internas. Pero en el caso de Vonn, en una inestabilidad de rodilla… ¿dónde se pone el rasero? Los que nos dedicamos a esto sabemos lo extremadamente complejo que esto puede llegar a ser.

En julio de 2020, el motorista español Marc Márquez sufría una caída en la que se producía una fractura de húmero de la que fue intervenido quirúrgicamente. Exactamente a los cuatro días estaba participando en los entrenamientos del Gran Premio de Andalucía. La prensa decía que Márquez había recibido el visto bueno de los médicos, y una cosa es lo que dicen los medios que se ha dicho y otra cosa informar al piloto de cuál era su lesión, qué se le había hecho, cuáles eran los pasos a seguir ahora y cuáles los riesgos si tomaba otro camino. Márquez eligió el suyo, y tuvo que ser intervenido en varias ocasiones más por fallo de la placa y lesión del nervio radial que le produjo parálisis motora en la mano. Porque cuatro días después de una intervención, y no solo de una lesión, es totalmente improbable que una placa metálica en un hueso aguante el peso de una moto. Es física, y la física aquí hace fácil un pronóstico.

Pero respecto a una inestabilidad de rodilla no operada… el espectro para emitir este pronóstico es mucho más amplio. La primera pregunta que suele salir siempre en clínica cuando una persona se rompe el LCA es si debe o no operarse. Y la pregunta siempre es la misma: depende. Y no solo de factores biológicos, el cómo de “fuerte” puedes ponerte para que tu musculatura lo supla, sino de factores psicológicos (lo que vas a comprometerte con el tratamiento, tus preferencias, tus creencias) y sociales (tipo de deporte, posibilidad de acceso a un servicio de rehabilitación, situación laboral, etc). Es decir, que no solo debemos evaluar la rodilla, sino también a la persona que la mueve y su contexto.

En el caso de Vonn habían pasado 9 días, por lo que, con el proceso agudo presente y por la demanda de la competición que tenía realizar, todo sanitario hubiera advertido del gran riesgo que corría. Pero tenía otras cosas a favor, como su estado de forma en el momento de la lesión, el acceso a servicios médicos especializados o su propia experiencia con lesiones. Y ante una valoración funcional tan completa como los propios entrenamientos en los que la tolerancia fue correcta, ningún profesional puede dictaminar un pronóstico de riesgo seguro del 100%. Aquí podemos hacer un pronóstico probable, pero no seguro como el de Márquez. Por lo que, ante un pronóstico así, ¿estamos en condiciones de emitir un “no apto” si la voluntad del deportista es participar?

En los JJOO de Milán-Cortina ha habido una historia similar a la de Vonn que, si no ha sido tan comentada, no fue solo porque la lesión se produjera 4 meses y no 9 días antes, sino porque tuvo un final exitoso: el de la española Ana Alonso. A finales de septiembre de 2025 sufrió un atropello mientras entrenaba, en el que se rompió el LCA y el LCM de la rodilla (además de sufrir una luxación de hombro y una fractura de tobillo). Casi nada. Y después de la valoración de los profesionales sanitarios tomó una decisión o, mejor dicho, dos: no operarse y mantener sus objetivos para los JJOO. Dos medallas de bronce.

Y no solo ese. Flora Tabanelli, snowboarder italiana de estilo libre que se rompe el LCA entrenando el 5 de noviembre y decide igual que Ana Alonso. Medalla de bronce.

Rell Harwood, esquiadora estadounidense de estilo libre que se rompe el LCA compitiendo el 13 de diciembre y decide igual. Ésta no obtuvo medalla, sino un 23º puesto.

¿Todas estas deportistas recibieron el apto de los servicios médicos porque no existía riesgo? Desde luego que existía. En el caso de Ana Alonso, habían pasado 4 meses y no 9 días y la prueba en la que ella participaba, el esprint de esquí de montaña, no exige demandas tan altas para la rodilla como el descenso. Su porcentaje de riesgo sería menor que el de Vonn, pero existía. En el caso de Flora Tabanelli fueron dos meses y la recepción de un salto en el estilo libre de snowboard es una demanda máxima para una rodilla, incluso por encima de las que ocurren en descenso. Su porcentaje de riesgo sería equiparable al de Vonn y consiguió una medalla.

Viendo todos estos casos, ¿cómo objetivamos al máximo el pronóstico y donde establecemos la línea entre el apto y no apto? Son en estos pronósticos no absolutos donde el Shared Decision Making se hace más necesario que nunca, definido comoel proceso colaborativo en el que profesionales sanitarios y pacientes toman decisiones juntos basadas en la evidencia y en los valores del paciente. Algo común en la cultura norteamericana pero todavía chocante en países como España. De hecho, buscando el mismo titulares de presa en habla inglesa con el mismo título que el que comienza esta sección, no he sido capaz de encontrar ninguno que haga la misma pregunta de si «se debió perimitir a Vonn participar». Si de «el debate sobre la autonomía del deportista», lo cual es muy distinto.

En el caso que nos concierne, un modelo de decisión compartida hace que la función de los servicios médicos de la Federación Estadounidense de Esquí fuera valorar la lesión de Vonn y establecer un juicio clínico de su repercusión, informándola de qué es lo que tiene, lo que implica y cuáles serían los riesgos. Y siendo ella quien hiciera su valoración personal del riesgo-beneficio.

Si ella decide correr el riesgo, las cosas bien hechas incluyen los consentimientos informados y los documentos de exención de responsabilidad de la federación. Desconocemos qué procedimientos de este estilo se realizarían en el caso de Vonn, pero en un país litigante como Estados Unidos y su cultura, de nuevo, seguro saben cómo proceder.

Y si queremos seguir más allá, si ante la existencia de un riesgo de cualquier magnitud los sanitarios diéramos “no aptos”, ¿cuántos deportistas en los JJOO de Milán-Cortina no habrían participado?

Federica Brignone, rotura de LCA + fractura de meseta tibial solo nueve meses antes. Doble medalla de oro. Breezy Johnson, la ganadora de la prueba donde Vonn tuvo el accidente, viene de un buen historial de lesiones de rodilla. Nosotros les vemos dentro del mono de competición, pero debajo de él, ¿cuántos vienen de un historial de lesiones con secuelas o sufren dolor crónico? ¿Dónde estaría el rasero en el deporte de élite?

En el caso de Alonso se hizo una toma de decisiones compartida y salió bien. Y no ha habido más que aplausos. ¿Y si hubiera salido mal? Pues los aplausos los hubiera decidido igual pero no por resultado, sino por su implicación para tomar una decisión.

Y por eso mismo, lejos de ser una egóica desmedida, Vonn era una paciente informada. Sus servicios médicos harían su función, ella decidió. Por tanto, los profesionales sanitarios no fueron irresponsables, si acaso lo sería ella (y ahora pasamos a hablar de eso porque tampoco). Por tanto, decir que los servicios médicos que atendieron a Vonn no fueron responsables es no entender la propia que cada uno tenemos, y que debe ser siempre la primera.

Vonn ha servido de ejemplo a deportistas y a no deportistas de la implicación y responsabilidad individual que cualquiera debería asumir al tomar decisión sobre su salud. Igual que cuando valoró colocarse una prótesis y no dijo precisamente “doctor, póngame usted la que le parezca”. Y además, de una coherencia absoluta después de su accidente. Y los servicios médicos, otro de cómo hacer partícipes y dignificar a las personas humanizando nuestra práctica.

Porque ser paciente informado, que no desconfiado, es uno de los mayores predictores de una recuperación exitosa. O quizá no en el deporte de élite, pero sí de la tranquilidad que supone siempre tener la convicción de que has elegido desde y por ti mismo. Gracias de nuevo Lindsey.

ANTES DE LA NUEVA LESIÓN: SALUD MENTAL Y ESTIGMAS SOCIALES

A cualquier persona, hasta a la recién nombrada heroína Lindsey Vonn, le debe resultar muy doloroso que personas reconocidas por ella pongan en duda su salud mental, solo y de inicio, por el hecho de volver a competir a los 41 años con una prótesis de rodilla. Más allá del primer pensamiento de si eso es nocivo para la prótesis, que puede resultar hasta razonable, el problema está en todas las suposiciones que se hacen después.

Por la prótesis, como profesional les diría que no se preocuparan. La mejora en los materiales ofrece hoy una durabilidad muy buena y, aunque por la edad de Vonn es probable que necesite algún recambio en el futuro, eso no justifica que deba estarse parada para prolongar su durabilidad. Todo lo contrario, las prótesis se ponen para que las personas vuelvan a ser activas. Y una actividad como el esquí, aún exigente, no es equiparable a que hubiera decidido aficionarse a correr cuatro maratones al año. Pero incluso, por encima de eso, como quiera usarla es únicamente decisión suya.

Y, aclarado esto, aquí se podrían haber acabado los comentarios. Pero empiezan esas suposiciones que vienen después.

Vonn, mujer, 41 años. Si su vida fuera completa “no necesitaría demostrar nada”, porque lo debe hacer por eso. “El clásico problema de crisis de identidad tras la retirada deportiva”, como le pasó a Michael Phelps. Me pregunto si Vonn tuviera familia, si hubiera sido juzgada de la misma manera o si, por el contrario, hubiera sido aplaudida como la supermamá ejemplar que despierta la admiración de sus hijos y tiene el mérito de volver a un estado de forma excepcional después de los embarazos como para liderar una Copa del Mundo y volver a participar en unos JJOO. Eso sí que hubiera tenido mérito y no después de recuperarte de una prótesis, eso es que tu vida está vacía, ¿verdad?

“A tu edad”. Porque éxito en la vida a los 41 no es estar esquiando, sino otros estándares. Y además, como si el crono entendiera de edades.

Lindsay Vonn anunció su retirada un 1 de febrero de 2019. Da la casualidad de que fue solo tres días antes cuando el tenista Andy Murray se operaba para ponerse una prótesis de cadera, el 29 en enero de 2019, y volvía a la competición profesional en dobles del torneo de Queens en junio. También en aquel entonces se cuestionó si esto era posible con una prótesis, ya que fue el primer tenis profesional en esta situación, pero desde ahí hasta su retirada en los JJOO de París 2024 no se oyeron juicios personales sobre su salud mental. Sobre si tenía una crisis de identidad o si tenía que ir a un psicólogo. No estoy de acuerdo con el feminismo que nos reduce a las mujeres a un bloque en el que todas tenemos que pensar igual y, muchísimo menos, al que nos coloca como víctimas. Pero relacionando este ejemplo me pregunto si el hecho de que Vonn fuera mujer influyó en esos estigmas.

Todo esto me haría preguntar a esas personas que la pusieron en duda desde dónde venía de verdad su cuestionamiento: si desde las dudas de si esquiar no sería perjudicial para la prótesis o, en realidad y en el fondo, desde todos esos estigmas sociales que todos, incluidos ellos y entonces incluida Vonn, debemos cumplir.

Cuando la escuché responder en la entrevista de CBS Sunday Morning a esos comentarios de aquellos conocidos que, explica, no se sentaron primero con ella para preguntarla primero, me empecé a dar cuenta de la magnificencia de la situación ante la que nos encontramos.

Al oírla en esa entrevista pensé algo totalmente opuesto: que privilegio y belleza de momento estar en condiciones de volver a hacer lo que te apasiona simplemente por esa razón. Cuando ya has conseguido récords, no necesitas ingresos, sin presión por el resultado. Con la madurez añadida después de una retirada en la que has incluso salido del rol de deportista. Única y exclusivamente por la pasión que sientes por ello. Me parece una situación de absoluto lujo que se da en pocos casos de deportistas.

Personalmente, me parece lo contrario si lo ves desde la persona. Si lo ves desde la sociedad, salen los estigmas y entonces, los juicios. Porque esas críticas quizá solo podrían haberlas hecho la gente de su entorno que si la conoce, y si su discurso hubiera sido otro.

Cuando leí el libro de la tenista Arantxa Sánchez Vicario, había partes que me habrían preocupado si me las contara en primera persona un amigo. Viendo cómo se desarrollaron los acontecimientos después para ella, he pensado muchas veces que me gustaría que escribiera otro ahora para conocer sus reflexiones con perspectiva. Oyendo decir a Vonn que su libro lo escribió desde un lugar muy oscuro, sospecho que al leerlo me hubiera pasado lo mismo (y quizá por eso sospecho ahora también por qué no lo encontré en tiendas, otro signo de evolución).

Pero oyéndola ahora en el presente en CBS Sunday Morning, es para que tanto su psicólogo/a como ella se den una buena palmada en la espalda. Un verdadero ejemplo para todo deportista y, en general, para todas las personas, explicando la diferencia entre la esquiadora y Lindsey. Y aquí demuestra una de las mayores lecciones que podemos sacar de su historia: que la más pura esencia de nuestras acciones debería ser nuestra pasión por ellas.

A veces tenemos que hacer cosas que no nos apasionan. A veces lo que nos apasiona se mezcla con otro montón de cosas que no disfrutamos tanto (por ejemplo el esquí, pero no las horas de soledad en hoteles o el demandante calendario lejos de casa). Pero cuando podemos hacer lo que nos apasiona sin más añadidos, eso se llama lujo. Y no tiene por qué ser caro ni inaccesible, pero estamos tan desconectados de eso, en una sociedad que ha confundido eso con el consumo, que nos parece impensable que alguien se lo pueda permitir. Y Vonn lo único que estaba haciendo era permitirse ese lujo a sí misma.

Una vez leí en un libro que “nadie se ha hecho rico haciendo algo que no le gustara”. Y es verdad, porque esa pasión es lo que mueve el interés, la dedicación, la curiosidad. Analizando el caso Vonn, nos debería recordar que el combustible más eficaz para nuestro motor es aquello que nos gusta, sin pensar en si soy muy joven, muy mayor, muy alto, muy bajo, muy capaz, muy incapaz o lo que sea que a mí (o a otros) se les pase por la cabeza. Y además, luchar por permitírnoslo. Gracias de nuevo Lindsey.

DESPUÉS DE LA NUEVA LESIÓN: ¿INSENSATA O HEROÍNA?

Y ya hablando de su propia decisión una vez sufrida la lesión del LCA, la cuestión final. ¿Fue una insensata al decidir participar? ¿O todo lo contrario? ¿Una heroína ejemplo de valentía?

Veredicto insensata

Pues, viendo el resultado, se probó que fue una auténtica insensatez, dirán muchos. Ya hemos explicado que, según lo ocurrido, siempre nos quedaremos con la duda dado que lo que ocurrió fue un accidente contra la puerta.

Pero en realidad, quizá la pregunta esté directamente mal planteada, porque el veredicto no puede estar relacionado con el resultado sino con cómo se toma la decisión.

Insensato hubiera sido tomar esta decisión en dos supuestos: uno, sin tener ni idea de lo que es esquí de descenso y los riesgos que implica. Y dos, sin tener ni idea de lo que es sufrir las secuelas de una lesión de rodilla en el largo plazo y el grado de dolor e incapacidad que implican. Y, mira tu por dónde, Lindsey Vonn debe estar en el top 3 de personas que más saben de las dos juntas en este mundo.

Por tanto, junto con la información que le proporcionaran los servicios médicos acerca de la lesión sufrida, es sencillamente imposible que su decisión se tomara de manera insensata.

Así lo demuestra en la rueda de prensa que dio para anunciar que continuaría su participación, aunque a partir de ahí la tacharan de lo contrario. Porque el que escuchara su discurso y no solo su decisión, no dijo algo así como “voy a salir a por el oro aunque sea lo último que haga”, sino “voy a dar lo mejor de mí, aunque sé que mis posibilidades no son las mismas”. Lo mejor de mí, lo mejor aceptando la situación en la que me encuentro y de la que, demuestro, soy consciente.

Hablamos de que la diferencia entre la ganadora y la última clasificada en la final fue de 1,19 segundos. A esto se refería Vonn con lo de sus posibilidades y, aunque los espectadores de fuera del esquí no fueran conscientes, ella sí.

Que fuera arriesgada, desde luego, pero son dos calificativos distintos. Correr riesgo es algo que todo esquiador acepta y que seguro entra dentro de su normalidad. De hecho son los que más riesgos asumen los que más logros consiguen porque para ello deben rozar los límites. “Go big or go home”. Algunos deportes van de eso. Que se lo digan sino a los moteros, surferos o escaladores. Si estos deportes se calificaran de insensatez habría que prohibirlos ya.

Estamos en la época en la que a los fisioterapeutas nos empiezan a llegar los primeros amateurs de la temporada de esquí, y yo me harto de anotar en las historias clínicas: “no saltó la fijación”. Este es un hecho en el que les incidimos mucho porque, por el simple detalle no ser conscientes de preparar su material, muchos aficionados acaban en un quirófano. La semana pasada veía a uno de estos pacientes que había perdido 15 kg respecto al año anterior y no cayó en ajustárselas a su peso actual. Y le llamaba la atención que a Vonn, pese a la velocidad del impacto, no le saltaran. Claro, es deporte de élite que es sinónimo de riesgo. ¿Insensato ajustártelas y lesionarte una rodilla o que te salte a la mínima y perder la prueba para que llevas tanto tiempo preparándote?

Y riesgos, aun a menor escala, todos los tomamos todos los días. Sino no cambiaríamos de trabajo, nos montaríamos en un avión o hablaríamos con alguien nuevo.

Cuando tenía 9 años tuve un accidente jugando a hockey y mi entrenador me preguntó al volver si entonces lo iba a dejar. Mi madre recordará siempre que le contesté “no, esto ha sido un accidente”. A los 17 me tocó presenciar cómo una rival perdía un ojo por realizar una entrada incorrectamente. Tampoco dejé de jugar. Desde un sillón comiendo palomitas estamos de acuerdo que se está más seguro, pero ya muerto.

En la vida cada uno elige la magnitud de su riesgo. A unos lo que les gusta es la velocidad del esquí de descenso. Hay otros que se mueren haciendo esquí de travesía por una avalancha y se dice de ellos que han muerto haciendo lo que les gustaba. Para mí no valdría la pena, ¿pero y para ellos? Y ahí entra la libertad individual de cada uno. Esa de la que tanto se habla, por la que la humanidad tanto ha luchado, pero que este caso nos ha demostrado que, aunque creamos que no, nos queda mucho por seguir haciéndolo.

Veredicto heroína

Entonces ya lo tenemos, Vonn es una heroína por atreverse a correr el riesgo. Un ejemplo de valentía digno de admiración.

El día después de su accidente compartía en redes su foto enganchada con la puerta y un claro mensaje: “no me arrepiento”.

Coincidió con que, casi a la vez, nuestra Carolina Marín compartía una foto de su rodilla después de anunciarnos que había vuelto a pasar por quirófano al año y medio de aquel fatídico día en París 2024. Se había sometido una doble meniscectomía ante el dolor que, explicaba, no mejoraba. Con ella compartía también un claro mensaje:

“Estoy aprendiendo a priorizar mi salud por encima de cualquier meta. Hoy, mi mayor deseo es cuidar mi cuerpo y tener salud para el resto de mi vida”

Si Vonn es una heroína por haberse atrevido a correr un riesgo, ¿Carolina Marín es automáticamente una cobarde? ¿Le hubiéramos puesto este calificativo a la misma Vonn si su decisión hubiera sido diferente?

Por eso glorificar a Vonn, no por respetarse a sí misma, o por tomar sus propias decisiones, o por haber vuelto a hacer lo que le gusta enfrentándose a la crítica… sino por el hecho de atreverse a correr un riesgo, es un mensaje muy peligroso para todos, especialmente para los más jóvenes. Y que también ha extendido como la pólvora. Como profesional de la salud, me parece importante aclarar la diferencia. Por tanto, Lindsey Vonn:

No es una insensata

Ni es una heroína

Es una persona

Que ha tomado una decisión haciendo su valoración personal del riesgo-beneficio que a ella, y no a nadie más, le supone el intento. Y siendo una mujer de 41 años, y habiendo pasado por lo que ha pasado, con plena capacidad para hacerlo.

OTRA COSA MÁS A COMENTAR: LOS FACTORES NEUROCOGNITIVOS

¿Más? Sí, ya que me siento a escribir, me estoy quedando a gusto. Como ya hemos mencionado, nunca un accidente tiene una única causa. Pero aquel día, nada más ver lo que ocurrió, me vino a la cabeza  algo que veo repetidamente en clínica.

En una entrevista se le pregunta a Vonn por qué coincidió que el año de su divorcio fue uno de los más exitosos de su carrera. Se casó siendo muy joven, a los 23, con el también esquiador Thomas Vonn, que pasó a ser su entrenador. Vonn ha expresado públicamente que mezclar su vida personal con la profesional no fue una buena idea y que su exmarido llegó a tener funciones hasta como la de manejar sus ingresos económicos. Y que algo muy importante que aprendió después de su separación fue a tomar sus propias decisiones. De nuevo, no somos solo rodillas.

Vonn respondió que fue porque usó el esquí para no pensar en nada más. Muchos podrán pensar que tendría una habilidad mental especial para poder enfocarse tanto en el hecho de esquiar como para que, por mucho que le gustara, fuera capaz de abstraerse de los sentimientos o litigios de un divorcio. Y es probable pero, concretamente realizando este tipo de actividad, no es difícil del todo.

Está demostrado que cuando realizas una tarea de alto riesgo, el cerebro detecta la amenaza y activa el sistema simpático. La atención se estrecha automáticamente y disminuye el ruido mental. En términos neurobiológicos, el cerebro entra en modo supervivencia y no puede permitirse pensar en la discusión o la factura pendiente. Y es por esto que mucha gente encuentra satisfacción en actividades de riesgo, porque les provocan centrar la atención en el momento presente.

Si a ti no te gusta correrlo, debes saber que existe otra posibilidad para llegar a este estado: la meditación. La base de las técnicas meditativas es precisamente el estar presente: sin pensar en lo que hiciste ayer o en todo lo que harás a continuación, poniendo toda tu atención en el momento. Y, como dice Joe Dispenza, “donde pones tu atención pones tu energía”.  Eliminas así  el pasado conocido que te hace crear un futuro predecible.

El riesgo que conlleva el esquí hacía que a Vonn le sirviera de meditación. Los deportistas conocen el beneficio de este tipo de técnicas para su preparación, y por ello muchos han incorporado junto a otras basadas en la neurociencia, como la visualización. Las imágenes de los esquiadores realizando estas prácticas antes de las pruebas se han hecho precisamente muy virales durante los JJOO de Milán-Cortina.

¿Pero por qué hablar de atención en las lesiones o en los accidentes?

En el mundo de las lesiones de rodilla, uno de los temas que más se investiga actualmente son los factores neurocognitivos. ¿Qué son? Todas las variables que procesa tu sistema nervioso al realizar un movimiento. Y hablamos de variables porque varían: es decir, cuando un esquiador realiza una bajada no está pensando solo en cómo tiene colocada su rodilla, sino en la resistencia que le ofrece o no la pista en esa pequeña placa que se encuentra, en la visibilidad del día, en cómo sopla el viento… En otros deportes de contacto, como el fútbol, en los movimientos que realiza el contrario al que estoy siguiendo para quitarle el balón.

Es decir, los factores neurocognitivos son toda la demanda que tienes a nivel atencional al moverte. El sistema nervioso recoge toda esa información al mismo tiempo, la procesa conjuntamente y emite respuestas en forma de órdenes de movimiento a tus músculos. Como una gran centralita tipo Houston procesando a una gran velocidad.

Pero en muchos casos que veo en consulta me hago la pregunta de si podríamos considerar como factores neurocognitivos, más allá de la posición del balón y del contrario como señalan los artículos científicos, otros como:

  • ¿La prisa porque he llegado con retraso al entrenamiento de balonmano? Porque atendí a un paciente a última hora y cerré tarde la clínica. Y además, cuando llegue a casa tengo que dejar pagada una factura.
  • ¿La discusión que acabo de tener con mi exmujer por la custodia de los niños antes de entrar al partidol de pádel con mis colegas?
  • ¿La presión porque no me apetecía estar jugando con ese equipo esa temporada?

¿Eso acapara también tu atención mientras realizas la tarea? Por eso, en mi experiencia, los factores neurocognitivos abarcan aún más allá de lo que podemos reflejar en los artículos científicos. Yo sabía que el día que bajaba al entrenamiento de hockey pensando en otra cosa era el que me llevaba la bola cortada. Años más tarde aprendí que la ciencia tenía un nombre para eso, y que el modo multitarea de la sociedad actual puede que tenga mucho que ver en la incidencia de lesiones de rodilla.

Todos estos ejemplos son casos de pacientes que he tenido y podría escribir una lista interminable. Pero, a priori, diríamos que a Vonn esto no le afectaba porque el riesgo que implica el esquí obligaba automáticamente a su cerebro a estrechar la atención.

Lo que yo me pregunté en el momento del accidente fue si todas las críticas recibidas a su vuelta, las recibidas después de lesionarse y esa presión por hacer algo bonito le hicieron de factores neurocognitivos. Y, esta vez y a diferencia de en su divorcio, si ni la velocidad le pudo disminuir todo este ruido e hizo que la centralita de Houston colapsara. Un ruido mayor que el de un divorcio, un ruido desmedido e injusto, que compitiera por su atención en ese momento y provocara que tan solo a los 13 segundos y en la cuarta puerta cometiera un error técnico.

Así como Vonn declaró firmemente que su lesión de LCA no tuvo nada que ver con el accidente, si yo pudiera plantearla esta pregunta, me encantaría oírla que tampoco. Porque me produciría verdadera tristeza pensar que todas esas críticas y juicios de una sociedad hipócrita que se cree libre y avanzada, que ha demostrado cuánto ego queda por pulir, pudieran haber influido negativamente en una mujer que en el año 2026 simplemente pretendía hacer algo que le gusta sin afectar a nadie más que a ella.

No diría que entonces la sociedad habría sido cómplice, porque eso la pondría a Vonn en el lugar de víctima y, por tanto, de ser dependiente del entorno y no de sí misma. Pero creo que, además de compartir historias sobre los bombardeos en Irán o la violencia en Gaza, este caso ha sido una ocasión para hacer una profunda reflexión individual acerca de las, a priori, insignificantes acciones que realizamos cada día si, de veras, queremos hacer del mundo un sitio más acogedor.

CONCLUSIONES

Lindsay Vonn parece que ha vuelto, irónicamente o no, a la casilla de salida: una fractura de tibia y un LCA roto ahora en la otra rodilla.

Su primer mensaje fue que las cosas no habían acabado como ella quería, ni eran el final de un cuento de hadas: y eso era simplemente la vida. Y que muchas veces no alcanzábamos nuestros sueños, pero que eso era simplemente parte de su belleza.

Su hermana Karin compartía otra imagen donde decía que no eran los pasillos de un hospital donde hubieran deseado acabar los JJOO, pero que se daba cuenta de que terminaran en el mejor o peor escenario posible, siempre lo hacían la misma situación: rodeados de familia y amigos, y que la vida continuaba. Que ríen, lloran y celebran sin importar lo que la vida les traiga, ya que todo ocurre por una razón y siempre habrá algo positivo, aunque al principio sea difícil de ver.

La vida continuará igual que lo hará para Ana Alonso con sus medallas o para Sturla Holm sin novia. A todos nos llegarán cosas buenas y malas, y nos tocará vivirlas. Y en esos dos mensajes se lee entre líneas ese grado de humildad al que llegas cuando te das cuenta de que existe en el universo un equilibrio perfecto entre tus planes y los que la vida, esa a la cual hemos venido a experimentar, tiene para ti. Ojalá fueran esos los que llegaran a todo el mundo como conclusión de esta historia y no el de aquella esquiadora que se creyó Superman.

Por eso Vonn no vuelve exactamente a la casilla de salida. Es ahora otra persona que aquella de 2013, con mucho más vivido y aprendido, y seguro de esta situación le hará vivir otras tantas cosas nuevas necesarias en su camino.

Yo, reflexionando sobre el caso de Lindsey Vonn, he encontrado muchas cosas que admiro de ella y que, como he explicado, nada tienen que ver con su decisión de asumir un riesgo. Eso fue una elección que hizo.

Cosas como guiarse por lo que le apasiona sin dejarse llevar por los estigmas sociales. Por respetarse, por ser capaz de elegir por si misma o por su absoluta coherencia, y creo que si todo el mundo fuera tan coherente, este mundo sería muy distinto. Alabo, además, su humildad y aceptación. Pero, sobre todo, alabo lo que ha sido capaz de hacer con su dolor.

Vonn explicaba en otra de tantas entrevistas que está convencida de que todos estamos aquí para algo, y que ella aprendió que su misión no era ser una estrella del esquí porque su mayor realización no había venido de conseguir medallas, sino de cada vez que había ayudado a los demás. Por eso creó su fundación para niñas y adolescentes con todos esos objetivos que se podrían resumir en uno solo: el enseñarles a creer en si mismas. En cada podcast que le he escuchado he visto a una persona que se atreve a mostrar su vulnerabilidad para ayudar a los demás a normalizarla, y que ha puesto su dedicación en crear y trabajar para evitarles a muchos lo que a ella le pasó. Por eso he encontrado admirable en ella, por encima de todo, que fuera capaz de vivir su dolor, aceptarlo, conocerlo, reconocer su función de convertirla en la persona que hoy es y usarlo para poder ayudar a otros. Por transformar su dolor para ponerlo al servicio de los demás, a sus pies señora Vonn.

Una tarde en el parque junto a una de mis amigas, hablábamos mientras sus hijos jugaban. Y, mirándolos, me decía: ¿quiénes hubiéramos sido si nos hubieran dado un mínimo de confianza en nosotras mismas? Es una buena pregunta, pero con los años he aprendido que no tiene sentido planteársela porque siempre estás a tiempo de ser la persona que te hubiera gustado, independientemente de tu pasado. Se llama neuroplasticidad cerebral, y me resultó muy curioso ver en estos JJOO a la esquiadora de estilo libre Eileen Gu explicar esto mismo en una rueda de prensa. Por tanto, creer en ti mismo es algo que siempre estás a tiempo de aprender, no sin antes hacer esa firme elección cada día.

Ser ejemplo de creer en uno mismo es la frase con la que podría resumir todo lo que encuentro admirable de Lindsey Vonn. A mí su historia me ha servido de mucho y hay cosas que me he propuesto recordarme cada día. Mi manera de darle las gracias será seguir lo que comparta y mandarle un poco de mi atención, y por tanto de mi energía, para que continúe viviendo lo que tiene ahora por delante poniéndole todo el amor posible.

A través de este artículo, espero haber ayudado a que te sirva a ti también, así como haber contribuido a darle la vuelta para que, en vez de una de juicios, críticas y dolor, se convierta en una que nos ayude a inspirar, creer, apoyar y a lograr eso a lo que todos hemos venido: hacernos un poco más humanos cada día.

“My life is complete. I just love to skii”

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